Los grupos de pseudociencia se cohesionan con emociones

La pseudociencia en YouTube se refuerza con emociones

Un estudio español de la Universitat Oberta de Catalunya y la Universidad de Sevilla revela que las comunidades que difunden pseudociencia en YouTube no se sostienen únicamente por las afirmaciones que comparten. Los agradecimientos, los cumplidos, las expresiones positivas y los mensajes afectuosos contribuyen a crear vínculos emocionales y una sensación de pertenencia que puede dificultar la lucha contra los bulos de salud.

La investigación ha analizado 52.412 comentarios publicados en YouTube entre 2011 y 2025. De ellos, 20.387 estaban asociados a vídeos sobre tratamientos científicos y 32.025 a contenidos clasificados como pseudocientíficos. Los resultados apuntan a una conclusión relevante para quienes combaten la desinformación sanitaria: corregir un dato falso es necesario, pero puede no ser suficiente si no se comprende también qué ofrece emocionalmente la comunidad que lo difunde.

¿Por qué la pseudociencia resulta atractiva en YouTube?

Cuando una persona busca información sobre una enfermedad, un tratamiento o un problema de salud, no siempre busca únicamente una respuesta médica. También puede necesitar sentirse escuchada, comprendida y acompañada.

Las comunidades pseudocientíficas pueden satisfacer algunas de estas necesidades mediante mensajes que transmiten proximidad, reconocimiento y apoyo. Esta dimensión emocional ayuda a explicar por qué determinadas personas permanecen vinculadas a espacios en los que circulan pseudoterapias o afirmaciones sin respaldo científico. El estudio, dirigido por Stefan Anca, compara la evolución de las conversaciones generadas en vídeos sobre tratamientos científicos y pseudocientíficos. Para ello, los investigadores no se limitaron a analizar palabras o sentimientos de forma aislada. Estudiaron también qué tipo de comentario seguía a otro, cómo se relacionaban los distintos temas y de qué manera terminaban los intercambios. Este enfoque permite observar las conversaciones como procesos sociales, no solo como una acumulación de opiniones.

Agradecimientos, cumplidos y emojis afectuosos

En las conversaciones sobre contenidos pseudocientíficos destacaban cuatro tipos de intervenciones:

  • Expresiones positivas.
  • Agradecimientos.
  • Cumplidos.
  • Mensajes compuestos únicamente por emojis o reconocimientos breves.

Esta última categoría sustituye a la clasificación utilizada en una primera versión del estudio. En el análisis definitivo, los mensajes breves y los emojis se agrupan bajo la denominación inglesa emoji only or brief acknowledgment. Los emojis observados eran casi siempre de carácter afectuoso. Aparecían, por ejemplo, corazones, manos en oración y otras formas visuales de expresar cariño, agradecimiento o apoyo. Aunque estos mensajes aporten poca información desde un punto de vista médico, cumplen una función social importante: reconocen lo que otra persona ha contado, refuerzan su intervención y contribuyen a cerrar la conversación con una respuesta positiva. El valor de un corazón o de unas manos en oración no está en la información que transmiten, sino en la sensación de acompañamiento que pueden generar.

Las conversaciones científicas admiten más crítica y comparación

Las conversaciones relacionadas con tratamientos científicos presentaban una estructura diferente y más heterogénea.

En ellas aparecían con mayor frecuencia:

  • Referencias a tratamientos médicos.
  • Solicitudes de consejo.
  • Comparaciones críticas.
  • Expresiones positivas y negativas.
  • Preguntas y dudas sobre las opciones disponibles.

Los comentarios negativos no conducían necesariamente a una escalada del enfrentamiento. En muchos casos daban paso a respuestas neutrales o positivas antes de que finalizara la conversación. Esto sugiere que las comunidades científicas pueden estar más abiertas a la duda, la evaluación y la comparación de tratamientos. Esa diversidad es positiva para el pensamiento crítico, pero también puede hacer que estos espacios parezcan menos cohesionados emocionalmente que las comunidades pseudocientíficas. La evidencia científica se construye cuestionando, contrastando y revisando. Sin embargo, esas mismas características pueden resultar menos reconfortantes para una persona que busca certezas inmediatas o apoyo emocional.

Corregir el bulo puede no ser suficiente

Las campañas contra la desinformación sanitaria suelen centrarse en identificar una afirmación falsa, aportar la evidencia disponible y explicar por qué el contenido es incorrecto. Este trabajo es imprescindible, pero el estudio muestra que hay otro elemento que debe tenerse en cuenta: la pertenencia a una comunidad. Si una pseudoterapia aparece asociada a un grupo en el que una persona recibe atención, afecto y reconocimiento, cuestionar la terapia puede interpretarse también como un cuestionamiento de su experiencia o de su comunidad. Por eso, responder con una sucesión de datos, enlaces o referencias científicas puede no conseguir el efecto esperado. Incluso puede provocar rechazo cuando la corrección se formula con superioridad, burla o desprecio. Combatir la pseudociencia en YouTube requiere entender tanto el contenido falso como las relaciones sociales que ayudan a mantenerlo.

La pseudociencia no se combate ridiculizando

Ridiculizar a las personas que creen en una pseudoterapia puede reforzar su vinculación con las comunidades que les ofrecen aceptación. La comunicación científica debe diferenciar entre desmontar una afirmación y atacar a quien la comparte. Las personas pueden haber llegado a un contenido falso por miedo, dolor, frustración, desconfianza, experiencias negativas con el sistema sanitario o necesidad de encontrar una solución. Escuchar estos motivos no significa validar una afirmación falsa. Significa comprender qué respuesta necesita la persona para que la evidencia pueda ser recibida. Desde #SaludsinBulos defendemos una comunicación sanitaria rigurosa, pero también cercana y comprensible. El reto no consiste en rebajar el rigor científico, sino en comunicarlo de forma que permita crear confianza.

Siete recomendaciones de #SaludsinBulos para combatir la pseudociencia en YouTube

1. Escuchar antes de corregir

Antes de responder a una afirmación falsa conviene identificar qué duda, miedo o experiencia existe detrás de ella. La respuesta será más eficaz si atiende a la preocupación real de la persona.

2. Combinar evidencia y empatía

La información debe explicar con claridad qué se sabe, qué no se sabe y en qué evidencias se apoya. La empatía no sustituye al rigor, pero ayuda a que el mensaje sea escuchado.

3. Evitar ridiculizar a quien duda

La burla puede aumentar la desconfianza y empujar a las personas hacia comunidades que refuerzan sus creencias. Debemos cuestionar las afirmaciones falsas sin atacar a quienes las comparten.

4. Anticiparse a los bulos de salud

El prebunking permite explicar las técnicas de manipulación antes de que una falsedad se extienda. También ayuda a resolver las dudas previsibles sobre vacunas, tratamientos o enfermedades.

5. Construir comunidades de confianza

Los profesionales sanitarios, las sociedades científicas y las asociaciones de pacientes deben participar de manera continuada en la conversación digital. No basta con aparecer cuando un bulo ya se ha hecho viral.

6. Utilizar formatos cercanos y compartibles

Los vídeos breves, las historias personales tratadas con responsabilidad, las infografías y las respuestas adaptadas al lenguaje de cada plataforma pueden acercar la evidencia a públicos diferentes.

7. Remitir a fuentes verificables

Cualquier recomendación sobre salud debe permitir identificar su origen. Ante una decisión médica, es necesario acudir a profesionales sanitarios y consultar fuentes oficiales o científicas.

Crear confianza también forma parte de la comunicación científica

Las comunidades pseudocientíficas no deberían ser las únicas capaces de ofrecer escucha, apoyo y pertenencia. Las organizaciones sanitarias pueden crear espacios en los que las personas formulen sus dudas sin miedo a ser juzgadas. También pueden responder con un lenguaje menos técnico, reconocer la incertidumbre cuando exista y explicar cómo evoluciona el conocimiento científico. Esta forma de comunicación resulta especialmente importante en ámbitos sometidos a una gran desinformación, como la vacunación.

La iniciativa Confianza en la Vacunación, impulsada por #SaludsinBulos con la participación de sociedades científicas y asociaciones de pacientes, trabaja precisamente para mejorar la educación sobre las vacunas, combatir los bulos y promover una conversación pública basada en la evidencia y la confianza.

¿Qué limitaciones tiene el estudio?

Los resultados no permiten afirmar que los vínculos emocionales provoquen por sí solos una mayor difusión de los vídeos pseudocientíficos. La investigación analiza las interacciones entre comentaristas, pero no mide otros factores relevantes, como:

  • Las recomendaciones del algoritmo de YouTube.
  • El número de veces que se comparte un vídeo.
  • La retención de la audiencia.
  • El alcance total de los contenidos.
  • La influencia de los creadores de los vídeos.
  • El comportamiento de los usuarios que ven los contenidos sin comentar.

Tampoco puede asumirse que todas las conversaciones científicas o pseudocientíficas de YouTube sigan exactamente estos patrones. Los resultados deben interpretarse como una identificación de diferencias en las dinámicas conversacionales, no como una demostración de que una causa concreta determine el comportamiento de todos los usuarios.

Una respuesta más humana frente a los bulos de salud

El estudio aporta una idea esencial para la comunicación sanitaria: las personas no se relacionan con la información únicamente de manera racional. Los mensajes de agradecimiento, los cumplidos, los corazones o las manos en oración pueden parecer intervenciones menores. Sin embargo, ayudan a construir comunidades en las que las personas se sienten reconocidas y acompañadas. Si queremos combatir eficazmente la pseudociencia en YouTube, debemos aportar datos fiables, pero también crear espacios de escucha y confianza. La evidencia científica necesita rigor. Para llegar a las personas también necesita cercanía, claridad y comunidad.

El estudio Exploring Conversational Dynamics in Scientific and Pseudoscientific Health Communities on YouTube: A Process Mining and Network Analysis Study está firmado por Stefan Anca, Samuel Paul Gallegos-Serrano, Carlos Luis Sánchez-Bocanegra, Paolo Piraino y José Luis Sevillano Ramos y ha contado con financiación parcial de la Catedra Telefónica de la Universidad de Sevilla. El manuscrito ha sido aceptado para su publicación en Journal of Medical Internet Research y puede consultarse en la web de JMIR.

Preguntas frecuentes sobre pseudociencia y YouTube

¿Por qué las comunidades pseudocientíficas generan tanta vinculación?

Porque no solo comparten afirmaciones sobre salud. También pueden ofrecer reconocimiento, apoyo emocional, cercanía y sensación de pertenencia.

¿Qué tipo de mensajes predominan en estas comunidades?

El estudio identifica expresiones positivas, agradecimientos, cumplidos y mensajes formados únicamente por emojis o reconocimientos breves.

¿Basta con aportar datos para desmontar un bulo de salud?

Los datos son imprescindibles, pero pueden resultar insuficientes si no se atienden también las dudas, los miedos y la vinculación emocional con la comunidad que difunde el contenido.

¿Cómo debe responderse a una pseudoterapia en redes sociales?

Con evidencia verificable, un lenguaje comprensible y una actitud respetuosa. Conviene evitar la burla, escuchar la preocupación de la persona y remitirla a profesionales sanitarios y fuentes científicas.

¿Qué papel pueden desempeñar los profesionales sanitarios?

Pueden anticiparse a los bulos, resolver dudas, participar de forma continuada en las redes sociales y contribuir a crear comunidades digitales basadas en la evidencia y la confianza.

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