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Mitos peligrosos en tiempos de TikTok e IA
El año 2025 ha sido testigo de una evolución preocupante en la difusión de bulos de salud. Las redes sociales, especialmente TikTok, y la inteligencia artificial han impulsado la viralización de contenidos que mezclan verdades a medias con desinformación. Desde el Instituto #SaludsinBulos analizamos los más destacados y peligrosos.
1. Mouth Taping: dormir con la boca sellada
Prometido como solución para ronquidos, ansiedad o insomnio, esta moda oculta graves riesgos. Aunque la respiración nasal es beneficiosa, tapar la boca puede ser peligroso, sobre todo en personas con apnea del sueño o congestión nasal.
La práctica se ha popularizado entre influencers del bienestar, que aseguran que dormir con la boca cerrada mejora su energía, concentración y estado de ánimo. Sin embargo, carecen de evidencia clínica sólida que respalde estos beneficios. Lo preocupante es que estos mensajes se presentan con tono científico y autoridad aparente, engañando a una audiencia vulnerable. Ashton Hall, un creador de contenido sobre fitness, se hizo viral en 2025 por su rutina matinal extrema. Hubo muchos imitadores y memes después.
Diversos estudios y sociedades científicas, como la SEORL-CCC. advierten que esta técnica puede generar ansiedad nocturna, dificultad para conciliar el sueño y hasta situaciones peligrosas en personas con afecciones respiratorias. Es importante distinguir entre fomentar una respiración nasal saludable y adoptar prácticas riesgosas sin supervisión profesional. Así lo demuestran, entre otros la revista Journal of Sleep Medicine.

2. Máscaras de entrenamiento “de altitud”
Estas máscaras prometen simular condiciones de altura para mejorar el rendimiento físico, pero en realidad solo dificultan la respiración sin inducir una verdadera hipoxia. No sustituyen el entrenamiento en altitud y pueden ser contraproducentes.
Muchas personas las compran creyendo que lograrán mejoras similares a entrenar en la montaña. Sin embargo, estudios han demostrado que los efectos sobre la oxigenación son mínimos. El cuerpo no experimenta los cambios fisiológicos que se producen en la altitud real, como el aumento de glóbulos rojos.
Además, su uso prolongado puede causar mareos, fatiga anticipada e incluso eventos cardiovasculares en personas con enfermedades previas. Usarlas sin evaluación médica es desaconsejable y el marketing que las rodea es más estético que funcional.
Estudio en Journal of Sports Science & Medicine
3. Desinformación sobre vacunas
Las políticas antivacunas en EE.UU., impulsadas por figuras políticas como Robert Kennedy Jr., han reavivado los bulos globalmente. Aunque estas medidas no afectan directamente a Europa, sus repercusiones mediáticas sí lo hacen.
Redes sociales se llenaron de titulares que exageran o manipulan datos, generando dudas en padres y colectivos vulnerables. Esto ha repercutido negativamente en la cobertura vacunal mundial y ha propiciado brotes de enfermedades que ya estaban controladas.
Es esencial recordar que las vacunas están respaldadas por décadas de evidencia científica. Cuestionarlas con teorías conspirativas o información errónea no solo pone en riesgo individual, sino también la inmunidad colectiva que protege a toda la sociedad.
4. Berberina, el “Ozempic natural”
Este suplemento vegetal se ha popularizado como alternativa a medicamentos para la diabetes o la pérdida de peso. Si bien algunos estudios muestran efectos positivos moderados, no está aprobado para esos usos por agencias reguladoras.
Influencers la promueven como una opción “natural y sin efectos secundarios”, lo cual es falso. Los suplementos no pasan por los mismos controles rigurosos que los medicamentos. Su pureza, dosis y efectos adversos pueden variar ampliamente.
Además, algunas personas han dejado tratamientos médicos avalados por la ciencia para probar la berberina, lo que representa un grave riesgo. Cualquier producto que prometa resultados rápidos y sin supervisión debe despertar sospechas.
Revisión científica en Metabolism Open
5. Productos con “proteína extra”
Muchos productos ultraprocesados destacan su contenido proteico como un reclamo de salud. Aunque las proteínas son esenciales, la mayoría de personas ya consume la cantidad adecuada sin necesidad de suplementos añadidos.
Barritas, batidos y snacks con “plus de proteína” suelen contener azúcares, grasas añadidas o edulcorantes que no los convierten en opciones saludables. Su envoltorio saludable no refleja su verdadero perfil nutricional.
Además, abusar de estos productos puede llevar a una percepción distorsionada de una dieta equilibrada. En lugar de confiar en productos procesados, es mejor priorizar fuentes naturales como legumbres, pescado, huevos y frutos secos.
6. Falsas alertas alimentarias
Algunos titulares alarmistas sobre alimentos contaminados surgen a partir de alertas internas del sistema europeo RASFF, que no implican riesgo para el consumidor final. Sin embargo, se convierten en virales gracias al sensacionalismo.
Casos recientes sobre jamón con listeria o mejillones con E. coli generaron miedo injustificado en redes sociales. En realidad, los productos afectados nunca llegaron al mercado español gracias a los sistemas de control.
Estos titulares generan desconfianza en los alimentos y en los sistemas de seguridad. Por eso es importante acudir a fuentes oficiales como AESAN y leer más allá del titular para entender el contexto real de cada alerta.
7. Deepfakes en salud
Videos falsos generados por IA que imitan a médicos y científicos están siendo usados para promocionar productos fraudulentos. Estos montajes son cada vez más sofisticados y creíbles.
Se utilizan técnicas de clonación de voz e imagen para hacer que figuras reconocidas parezcan recomendar suplementos, dietas o tratamientos sin respaldo científico. Esto explota la confianza del público en los profesionales sanitarios.
Es fundamental desarrollar pensamiento crítico y verificar si los contenidos provienen de fuentes oficiales. La apariencia de veracidad no garantiza autenticidad, especialmente en una era donde la inteligencia artificial puede fabricar cualquier imagen.
Nature Medicine – IA y desinformación
8. El positivismo tóxico
La idea de que todo se resuelve con una actitud positiva puede ser dañina para la salud mental. Aunque el optimismo ayuda, forzar la alegría o culpar a quien sufre no es saludable ni realista.
Esta narrativa se ha popularizado en libros y redes sociales, presentando el sufrimiento como una elección personal. Quien no mejora se siente culpable por no «pensar en positivo», lo que puede agravar cuadros de ansiedad o depresión.
Validar todas las emociones, incluidas las negativas, es clave para el bienestar psicológico. La salud mental necesita comprensión, apoyo profesional y entornos seguros donde expresar emociones sin ser juzgado.
American Psychological Association
Desde el Instituto #SaludsinBulos, te recordamos: ante cualquier contenido viral sobre salud, verifica antes de compartir. Confía en fuentes oficiales y profesionales sanitarios. La salud no es un juego.
¿Quieres ayudarnos a frenar los bulos? Visítanos en www.saludsinbulos.com








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