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El 28 de enero apareció en los medios digitales en España una información titulada, por casi todas las redacciones, de esta forma: Muere un hombre al ser ‘absorbido’ por una máquina de resonancia.

El titular corresponde a un suceso ocurrido en la noche del sábado 27 de 2018 en el hospital Nair en Mumbai (India), porque un acompañante de un familiar a quien se le iba a hacer una resonancia, entró con una bala de oxígeno en el interior de la sala de pruebas, y el campo magnético o imán activo de la Resonancia Magnética atrajo hacia el Gantry (agujero) al objeto metálico.

El poder magnético de una resonancia es enorme, es capaz de atraer sillas de ruedas e incluso camas hospitalarias, debido al funcionamiento de la física de las ondas electromagnéticas para obtener las imágenes anatómicas sin necesidad de emplear radiación ionizante.

Sin embargo, el titular no corresponde con la realidad del caso: lo que fue ‘absorbido’ fue la bala, que el acompañante al entrar en la sala no soltó, y fue arrastrado hacia el hueco del equipo diagnóstico.

El accidente terminó trágicamente porque los sistemas de emisión del oxígeno debieron romperse en el fuerte impacto – sujetado por la persona – y el oxígeno líquido que salió al exterior cerca de la nariz y boca de dicha persona no le impidieron inhalar y falleció por ‘sobredosis de oxígeno’ en pocos segundos.

Este suceso ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias en la India, país donde es típico pedir a los familiares que ayuden a hacer algunas tareas asistenciales a sus propios familiares; y este caso ya ha supuesto un límite legal de impedir colaboración en situaciones con riesgos fatales como el del caso indio. Tanto el médico responsable de la unidad como el ayudante que estaban presentes en el incidente ya están arrestados y tendrán proceso penal por negligencia, ya que debieron haber prohibido la entrada de la bala de oxígeno en la sala de resonancia: Un profesional de la radiología no puede imaginar que aunque el familiar llevase una bala de oxígeno, y esta fuese atraída rápidamente (una vez atraviesas el dintel de la entrada a la sala), el fallecido no la soltase, pero no supo o pudo soltarla.

¿Por qué hay que cuestionar los titulares de la prensa sobre este accidente?

Porque produce incertidumbre a la población en general sobre si una resonancia puede absorber a una persona, y no es cierto. Y si añadimos los problemas de claustrofobia, entonces tendremos que una duda añadida al miedo (definido en psicología en personas con claustrofobia) se convierte en un bulo de salud: “No me hago la resonancia porque me da miedo estar dentro y encima me puede absorber y matar”, es la muy probable respuesta de muchas personas.

No olvidemos que existen indicadores de alrededor de un 2% de personas que rechazan la prueba por sus problemas de claustrofobia, incluyendo datos más altos si son pacientes que durante la prueba no superan el momento y abandonan la cita, impidiendo a otros pacientes tener acceso en esa cita a la prueba.

Miguel Ángel de la Cámara, vocal de AIES, técnico radiólogo.

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